Utilizo por lo general, el mínimo, trabajando con un color a base de dos o tres tonos. Este color lo aplico a través de una película uniforme y como si fuera fotosensible, el gesto de la mano intenta rescatar la luz o tono más claro que en ocasiones puede ser aplicado antes (dejándolo secar, para yuxtaponer así los tonos sin que se mezclen) y en otras, es el mismo color de la tela el que consigue el tono más alto en el cuadro.

El Arte monocromo y la representación del cuerpo humano están directamente relacionados desde el principio de la historia, tanto en el periodo paleolítico como en los recipientes griegos de 700 años a.C. Pero no es hasta los siglos XV, XVI y XVII d.C. que se logra una soberanía en la representación figurativa: dibujo, pintura, escultura y orfebrería, sin duda uno de los periodos históricos más ricos en relación a este tema. La época del Renacimiento descubre nuevas técnicas y soportes que hasta el día de hoy siguen utilizándose, me refiero específicamente a la invención del cuadro, como objeto de arte, y al dominio de la pintura al óleo, considerada una técnica sorprendente.

La intención de crear un trabajo pictórico y gráfico que aborde los temas del Arte monocromo y la representación del cuerpo humano en conjunto, como una serie o una línea temática, nace como la inquietud de establecer un dialogo, considerando el estado de la pintura en la actualidad gracias a los conocimientos que nos han dejado a modo de enseñanza los artistas desde la Edad Media (e incluso antes), incluyendo referentes claros del s.XX, tales como Kazimir Malevich, Edvard Munch, Picasso o Yves Klein, hasta la actualidad, donde es posible desarrollar un planteamiento propio de una práctica retrospectiva.